Global citizen

    El ciudadano del mundo no se rige por banderas, límites geográficos o nacionalidades. Se considera producto de una cultura globalizada, adoptando costumbres y gustos que más le agraden, sin sentirse condicionado por el entorno en el que haya nacido o sido criado. Sus hábitos alimenticios y comportamientos, son cúmulo de una enriquecedora experinecia de viajes y conocimiento del mundos, algo que lo convierte incatalogable. Esta persona considera absurdos los límites políticos, reconociendo sólos las distinciones culturales que forman parte de una gran diversidad social.

El ciudadano del mundo no habla de mejores o peores sociedades, respeta a todas por igual y se enriquece de las particularidades de cada una de ella. No hay nada que le fascine más que el conocimiento de su entorno, tanto medioambiental como social. Es un enamorado del mundo y por tal un gran defensor.

Los líderes políticos sólo son admirables en tanto contribuyan a ayudar y proteger a los más débiles. No defiende ideologías políticas sino principios morales elementales como el respeto y amor por el otro, la igualdad de derechos y el amor hacia todos los seres humanos. Sus referentes son personas que se imponen ante las fuerzas de poder y entregan su vida por una causa clara y unificadora: tener un mundo mejor. Este deseo alcanza a todos los seres vivos, sin distinción de especie, genero, sexo y/o religión.

El ciudadano del mundo abraza y celebra todas las religiones y creencias que guien a las personas a evolucionar y a tener un mejor entendimiento de nuestra existencia. Todas las religiones que parten del amor si condenar lo diferente son un gran aporte a nuestra comprensión de nuestro paso por esta tierra. El ciudadano no es dogmático de alguna religión puntual, pero tampoco un esceptico absoluto.

Este ciudadano no conoce de desarraigos o añoranzas a tierras pisadas o experiencias vividas, vaya a donde vaya, lo adopta como su hogar, y en cada rincón del planeta tiene amigos que esperan ansiosos el reencuentro. Todo el planeta es su hogar y todos los ciudadanos sus vecinos.

El nomadismo y el minimalismo componen los pilares de su estilo de vida. Vivir es viajar y se mueve por todo el planeta con la curiosidad intacta de un niño, tratando siempre de empaparse de todo lo que los nuevos horizontes pueden ofrecerle. Ama estar en movimiento, residir brevemente en un lugar y partir pronto al siguiente destino. Esto sólo se puede conseguir siguiendo una vida minimalista, discerniendo lo esencial de lo superfluo. Carga consigo sólo lo fundamental que le garanticen una modesta pero placentera vida.

El ciudadano del mundo aprovecha los avances tecnológicos actuales para trabajar de forma remota, la modalidad que mejor se adapta a la vida que ha diseñado para él. Internet ha representado un gran aporte para la afluencia de estos ciudadanos del mundo, que ahora ven en ella una oportunidad de hacer realidad de libertad territorial, económica y social.

Son cada vez más los ciudadanos del mundo que despiertan preparados y decididos a vivir la vida que se sienten más a gusto, que los identifica y que les exige esta época de hiperconexión y consciencia colectiva. Yo digo orgulloso: soy un ciudadano del mundo.


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